Composición y producción de la saliva

La saliva es una secreción exocrina compuesta por un 99% de agua. El otro 1% consiste en una variedad de electrolitos y proteínas. En su conjunto, estos componentes se encargan de diversas funciones que se atribuyen a la saliva.

El fluido de la cavidad bucal es incoloro, inodoro e insípido. Se crea principalmente (aproximadamente un 90%) por la segregación de tres pares de glándulas salivales principales: la submandibular (sobre un 65%), la parótida (sobre un 20%) y la sublingual (sobre 5-7%). Estas glándulas son controladas por el sistema nervioso autónomo, mientras que las glándulas salivales menores (labial, lingual, bucal y palatino), distribuidas alrededor de la cavidad bucal, producen el resto de la saliva (<10%). En reposo, sin estimulación externa o farmacológica, existe un flujo de saliva minoritario y continuo, una secreción no estimulada, presente en forma de película que cubre, humedece y lubrica los tejidos bucales. Este flujo de saliva en reposo suele estar sobre 0,4-0,5 ml/minuto en personas sanas.

Glándulas salivares y función de saliva

La saliva estimulada es el resultado de un estímulo mecánico, gustoso, olfativo o farmacológico, contribuyendo al 40-50% de nuestra producción de saliva diaria. El índice del Flujo de Saliva (FS) es un parámetro que nos permite clasificar el flujo de saliva estimulado y no estimulado como: normal, bajo o muy bajo (hiposalivación). En adultos, el flujo de saliva estimulado normal varía entre 1-3 ml/minuto, el flujo estimulado bajo entre 0,7-1 ml/minuto y la hiposalivación se caracteriza por una saliva estimulada inferior a 0,7ml/minuto.